El receso escolar no siempre es sinónimo de descanso o esparcimiento. Durante el periodo vacacional, cuando las dinámicas del hogar cambian y las rutinas se alteran, los casos de violencia hacia la infancia y la adolescencia sufren un incremento significativo. Ante esta realidad respaldada por diversos estudios, la administración municipal desplegó una estrategia integral que busca transformar los espacios de descanso en entornos seguros y de contención.

Lucía Chavira advirtió sobre la vulnerabilidad que enfrentan los menores al permanecer más tiempo dentro de las viviendas bajo un entorno de tensión familiar:

“Los niños están en casa y muchas veces son depositarios de las frustraciones diarias. Entonces, para tratar de revertir este riesgo, se abrieron campamentos de verano”, explicó. Como respuesta inmediata, una red coordinada entre el DIF Municipal, el programa Florece y Centros Comunitarios mantiene bajo resguardo productivo a cerca de 400 niños, niñas y adolescentes en los campamentos de verano correspondientes a este 2026. La iniciativa no solo ofrece actividades recreativas, sino un espacio protegido que reduce la exposición a factores de riesgo en el hogar.