El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, defendió la ofensiva militar contra Irán al asegurar que fue una acción preventiva necesaria para frenar una amenaza mayor, particularmente en el desarrollo de armamento nuclear.

Rubio sostuvo que el ataque representó “la última oportunidad” para neutralizar capacidades estratégicas iraníes, incluyendo instalaciones clave vinculadas a su programa nuclear, en una operación coordinada con Israel que ha impactado miles de objetivos en territorio iraní.

El funcionario insistió en que la decisión se tomó en el momento adecuado, argumentando que permitir el avance de Irán habría generado un escenario mucho más peligroso a nivel global.

Además, subrayó que los objetivos militares —debilitar misiles, drones, fuerza aérea y naval— avanzan incluso más rápido de lo previsto.

En ese contexto, Rubio afirmó que Washington ya puede “ver el final” del conflicto, aunque reconoció que aún no es inmediato y que la guerra podría extenderse algunas semanas más mientras se consolidan los resultados en campo.

La postura del gobierno estadounidense mantiene una línea clara: la ofensiva no solo busca contener a Irán, sino reducir de forma estructural su capacidad militar y evitar que controle puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, clave para el suministro energético mundial.