En un escenario crítico sin importaciones ni producción nacional, México contaría con reservas de gasolina y diésel para apenas entre tres y seis días, según estimaciones del sector energético.

Aunque no existe una cifra oficial unificada, la Política Mínima de Almacenamiento establece que el país debería tener al menos cinco días de inventarios, sin embargo, en la práctica esta meta no se cumple de forma homogénea.

Especialistas señalan que, considerando únicamente las terminales de Pemex, la disponibilidad inmediata podría reducirse a cerca de tres días, mientras que algunos privados sí alcanzan el mínimo requerido.

La falta de infraestructura y de una medición clara a nivel nacional complica conocer con precisión la capacidad real de almacenamiento, lo que representa un riesgo en caso de interrupciones en el suministro.

Analistas advierten que el país requiere ampliar su red de almacenamiento, especialmente en regiones donde los costos logísticos elevan el precio de los combustibles.

A diferencia de México, economías como Estados Unidos o países europeos mantienen reservas estratégicas que cubren hasta 90 días de consumo, lo que les permite enfrentar crisis energéticas con mayor margen.