En Cisjordania reocupada, los colonos israelíes comenzaron a desviar ilegalmente el agua de los manantiales naturales que abastecen a los más de 2.8 millones de palestinos que viven en ese territorio y dependen del riego a sus cultivos para sostenerse.

El Cogat, organismo militar israelí que supervisa asuntos civiles en suelo cisjordano, reconoció que el líquido vital fue desviado “sin autorización” y adelantó que lo investigaría, mientras el agricultor palestino Saad Nemer, de Fasayil, sostuvo que el corte en el suministro de agua destruyó sus campos, y añadió que su familia tiene documentos que prueban la propiedad de la tierra.

En Al Auja, en el Valle del Jordán, recientemente, los “colonos se han apoderado por completo” de la cascada de un manantial y convirtieron “la zona en cuasi militar”, denunció el alcalde, Hani al Njoum, y agregó que esto es devastador para el turismo y la agricultura locales.

Agresiones en Hebrón
Al continuar la violencia en ese territorio reocupado, soldados y colonos israelíes asaltaron viviendas palestinas en Hebrón y destruyeron las últimas tierras de cultivo que quedaban en una aldea cerca de Ramallah.

De igual manera, los residentes palestinos denunciaron que perdieron la mayor parte de sus terrenos, en momentos que las agresiones de los colonos se intensificaron en varias zonas.

En la franja de Gaza, al menos tres palestinos, incluido un niño de 12 años, fueron asesinados por el ejército israelí y varios más resultaron heridos durante la más reciente jornada de embates, a pesar del alto el fuego vigente.