La inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa: ya no se limita a responder preguntas o generar contenido, sino que busca percibir lo que ocurre a su alrededor, razonarlo y actuar directamente en el mundo físico. Esta evolución es conocida como IA física y ya se aplica en robots, vehículos autónomos, fábricas y espacios de atención al público.
Empresas como Google y NVIDIA desarrollan modelos capaces de interpretar imágenes, comprender instrucciones y convertirlas en acciones. Google, por ejemplo, trabaja con sistemas que permiten a robots analizar un espacio y planificar tareas durante varios minutos, mientras NVIDIA desarrolla modelos que pueden representar y simular entornos antes de ejecutar una acción.
La diferencia con los sistemas de IA generativa está en que estos modelos deben entender la relación entre una instrucción, los objetos que los rodean y las consecuencias de sus movimientos. Para ello requieren sensores, procesadores y dispositivos capaces de recopilar información del entorno y responder en tiempo real.
México también comienza a desarrollar infraestructura para esta nueva etapa. La Universidad Anáhuac inauguró recientemente un laboratorio especializado en inteligencia artificial, electrónica y mecatrónica, mientras que empresas ya exploran aplicaciones para analizar el comportamiento de clientes dentro de establecimientos físicos.
El cambio también alcanza a la industria. México importó 192 millones de dólares en robots industriales durante 2024, aunque apenas 1.2 por ciento de las unidades económicas reportó utilizar robótica avanzada. La tendencia apunta a una integración cada vez mayor entre inteligencia artificial, robótica y automatización.
En otras palabras, la siguiente generación de IA no solo busca saber qué decir, sino entender qué está pasando a su alrededor y decidir qué hacer.
