El mundo atraviesa una etapa de desorden internacional en la que las instituciones, alianzas y reglas que sostuvieron el sistema global durante décadas muestran señales de debilitamiento, advierte la historiadora Margaret MacMillan en un análisis publicado por The New York Times.

MacMillan sostiene que las señales de cambio están presentes en distintos frentes: conflictos armados, crisis económica, cambio climático, avance acelerado de la inteligencia artificial y el enfrentamiento entre grandes potencias. El Programa de Datos de Conflictos de Uppsala registró 65 conflictos estatales durante el año pasado, la cifra más alta desde 1946.

La autora advierte que el riesgo de una confrontación catastrófica entre potencias militares es hoy mayor que en décadas anteriores. Menciona la guerra de Rusia en Ucrania, la confrontación entre Estados Unidos e Irán, las tensiones por Taiwán y el deterioro de alianzas como la OTAN como señales de un escenario internacional cada vez más impredecible.

Uno de los principales cambios está relacionado con el papel de Estados Unidos, que durante décadas funcionó como principal garante del orden internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial. Según MacMillan, bajo la presidencia de Donald Trump, Washington se ha alejado de ese papel, lo que deja un vacío que otras potencias intentan ocupar.

La historiadora considera que China, India y otras potencias medianas, entre ellas Canadá, Australia y Japón, tendrán un papel cada vez mayor en la configuración del nuevo escenario. Sin embargo, advierte que el debilitamiento del sistema actual no significa necesariamente el fin de la cooperación internacional.

MacMillan plantea que todavía existen instituciones, tratados y mecanismos internacionales que pueden servir como base para construir un nuevo sistema. El problema, sostiene, es que aferrarse al antiguo orden sin reconocer que ya está cambiando podría resultar más peligroso que prepararse para una nueva realidad mundial.