La estrategia de Estados Unidos frente a Irán apunta a debilitar gradualmente su capacidad militar y económica, evitando una invasión terrestre que implicaría un alto costo político y humano, afirmó el analista internacional Gustavo de Arístegui al evaluar la evolución del conflicto en Medio Oriente.
De acuerdo con el especialista, Washington pretende mantener la presión mediante ataques selectivos, el reforzamiento de su presencia militar y el control de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, con el objetivo de reducir la capacidad de respuesta iraní sin involucrarse en una guerra de gran escala.
El analista advirtió que Teherán también apuesta por una estrategia de desgaste, prolongando el conflicto para elevar los costos económicos y políticos de Estados Unidos y sus aliados, especialmente a través de la presión sobre el mercado energético y el transporte marítimo en el Golfo Pérsico.
Mientras continúan las operaciones militares y las amenazas entre ambos gobiernos, especialistas consideran que ninguno de los dos busca una confrontación terrestre directa, aunque el riesgo de una escalada regional permanece latente por la importancia estratégica del estrecho de Ormuz y el impacto que tendría sobre el suministro mundial de petróleo.
