El brillo de los Juegos Olímpicos de París 2024 se ha visto empañado por una realidad sombría: el grito de auxilio del conjunto nacional de gimnasia rítmica. Al denunciar maltrato psicológico y una gestión deshumanizada, Julia Gutiérrez y sus compañeras no solo exponen las grietas de la Federación Mexicana de Gimnasia, sino que ponen sobre la mesa un dilema ético que el deporte mexicano no puede seguir ignorando.

Es alarmante que atletas de élite, que han entregado años de esfuerzo a la bandera nacional, tengan que usar las redes sociales como escudo ante el miedo a ser borradas de la historia deportiva. La dicotomía entre el apoyo de CONADE y el silencio de la Federación subraya una crisis de gobernanza donde la salud mental de la atleta parece ser el precio a pagar por representar a México. No es solo una denuncia; es un precedente necesario para que las futuras generaciones no tengan que elegir entre su dignidad y el podio.