Saúl “Canelo” Álvarez volvió a conquistar un título mundial tras imponerse por decisión unánime al francés de origen camerunés Christian Mbilli, en una pelea en la que el mexicano controló las acciones, aunque nuevamente se quedó sin conseguir el nocaut.

A sus 36 años, el tapatío apostó por una estrategia calculada, basada en controlar la distancia, utilizar el jab y estudiar los movimientos de su rival antes de buscar sus oportunidades. Durante buena parte del combate impuso su ritmo y evitó exponerse innecesariamente a los intercambios de golpes.

Mbilli, quien llegaba con fama de ser un peleador ofensivo y de lanzar numerosos golpes por asalto, tuvo dificultades para desarrollar su estilo. Su producción disminuyó considerablemente frente al mexicano: conectó un promedio de 9.75 golpes por round, mientras que Canelo alcanzó 13.1.

Uno de los momentos más llamativos ocurrió durante el tercer asalto, cuando Álvarez se colocó sobre las cuerdas y provocó a su contrincante para que lo atacara. Sin embargo, Mbilli no aceptó el intercambio y prefirió mantenerse cauteloso.

La actuación permitió al mexicano despejar algunas dudas sobre su condición física, después de las críticas por su desempeño ante Terence Crawford y la posterior operación en el codo. Aunque mostró una versión más estratégica que explosiva, consiguió dominar el combate sin pasar por momentos de verdadero apuro.

Pese a recuperar el campeonato, la falta de un nocaut volvió a dejar pendiente una de las expectativas de sus aficionados, que esperaban una definición contundente ante un rival reconocido por su poder ofensivo.

Con este resultado, Canelo vuelve a colocarse en la conversación de los principales nombres de la división de los supermedianos y recupera un título mundial en una etapa importante de su carrera.