En un ejercicio de equilibrismo diplomático y defensa partidista, Claudia Sheinbaum envió un mensaje claro desde Palacio Nacional: la soberanía no se negocia por expedientes judiciales. Al comparar los retrasos de EE. UU. en casos como Ayotzinapa con las exigencias actuales del vecino del norte, la mandataria busca nivelar el tablero de la cooperación judicial.
Sin embargo, el nombre de Rubén Rocha Moya sigue siendo el elefante en la habitación. Sheinbaum no solo defendió la legalidad de su llegada al poder en 2021 —lanzando un dardo al INE de Lorenzo Córdova en el proceso—, sino que blindó la figura del sinaloense frente a las sombras proyectadas por la captura de “El Mayo” Zambada. Aunque se desmarcó de la polémica idea de “pactar la paz” que Rocha sugirió en campaña, la Presidenta cerró filas en torno a la ausencia de pruebas judiciales, recordando que, en su gobierno, la dignidad nacional está por encima de las presiones externas.
