José Luis Amate López no ha tenido un cliente en casi dos semanas, sin contar al flacucho gatito marrón que se escabulle por la bodega donde trabaja en el centro de La Habana.
Los estantes, que durante su infancia estaban repletos de productos, permanecían casi vacíos a finales de abril, con apenas unas pocas cosas que ofrecen a los 5 mil clientes que dependen de la tienda estatal para obtener alimentos subsidiados.
Las libretas de racionamiento del gobierno, que antes garantizaban una dieta saludable y mantenían a las familias bien alimentadas durante un mes, ahora se están reduciendo.
A medida que la economía se derrumba y los precios se disparan, cada vez más cubanos se ven incapaces de costear alternativas a las tiendas estatales y luchan por subsistir con salarios exiguos en un país socialista de casi 10 millones de habitantes, donde los bienes básicos se venden cada vez más en dólares estadounidenses.
“Realmente ningún cubano ya puede vivir con los productos de la libreta”, expresó Amate López.
El líder revolucionario Fidel Castro instauró la cartilla de racionamiento —“la libreta”— a comienzos de la década de 1960. Ofrecía productos fuertemente subsidiados que iban desde leche hasta pescado e incluso cigarrillos. Los cubanos sabían que su bodega asignada estaría abastecida con todo lo que necesitaban para el día primero del mes.
La libreta se redujo durante el “Periodo Especial”, cuando la ayuda soviética se desplomó en la década de 1990 y la privación golpeó a Cuba. En ese tiempo, los cubanos perdieron en promedio entre un 5% y un 25% de su peso corporal, según un estudio publicado en una revista médica, y productos como pan, leche, huevos y pollo se conseguían en cantidades escasas.
Aun así, muchos cubanos que vivieron esa etapa aseguran que la situación actual es peor.
Amate López recordó que su bodega asignada estaba tan llena hace décadas que “no podía casi ni caminar”.
Ahora es un cuarto vacío con viejos carteles polvorientos que detallan los precios y las cantidades de casi dos docenas de productos que ya no están disponibles, como yogur, pasta y pastillas de jabón. Dos congeladores industriales que antes estaban repletos de carne y pollo solo sirven para mantener fría la botella de agua de Amate López. En abril, los artículos únicos que tenía para vender eran partes de arroz, azúcar y garbanzos.
Los adolescentes cubanos que cumplieron 15 años, un cumpleaños emblemático en América Latina, solían recibir pastel y varias cajas de cerveza.
Ahora sólo recibirá tres kilogramos de carne molida. El gobierno optó recientemente por celebrar a quienes cumplen 65 años entregándoles sardinas, una pastilla de jabón y un paquete de papel higiénico. Pero Amate López comentó que no tiene esos artículos.
La habanera Ana Enamorado, de 68 años, contó que en abril sólo pudo comprar garbanzos partidos y un kilogramos de azúcar en su bodega asignada.
Le cuesta comprar el resto de los bienes básicos en tiendas pequeñas privadas conocidas como “mipymes” con su salario y pensión, que suman unos 8 mil pesos cubanos (16 dólares) al mes.
Un cartón de 30 huevos cuesta aproximadamente 3 mil pesos, un kilogramo de picadillo ronda los 900 pesos (37 dólares) y medio kilogramo de harina de maíz cuesta cerca de 200 pesos (ocho dólares).
“En la libreta no viene casi nada y estamos viviendo casi del aire”, afirmó.
Sus almuerzos y cenas son una rotación de arroz, carne molida sazonada y harina de maíz, o a veces nada en absoluto. Recordó que antes podía comer cerdo, cordero, fricasé, tajadas de plátano frito y congrí.
“Ahora hay que reducir, una comida al día y vivir del recuerdo”, dijo Enamorado.
