Se prevé que este martes reingrese a la atmósfera terrestre la sonda Van Allen Probe A, una nave de aproximadamente 600 kilogramos lanzada por la NASA el 30 de agosto de 2012 para estudiar los cinturones de radiación que rodean al planeta.

Los especialistas estiman que la mayor parte de la nave se desintegrará al atravesar la atmósfera, aunque algunos fragmentos podrían sobrevivir al reingreso. Sin embargo, las probabilidades de que restos del artefacto causen daños a personas en la superficie son extremadamente bajas, alrededor de 1 en 4 mil 200.

La misión formó parte del programa Van Allen Probes, integrado por dos satélites idénticos que investigaron los Cinturones de radiación de Van Allen, regiones del espacio que protegen a la Tierra de partículas energéticas provenientes del Sol y del espacio profundo.

Entre 2012 y 2019, la sonda y su gemela, Van Allen Probe B, realizaron múltiples órbitas a través de estas zonas para analizar cómo influyen fenómenos como tormentas solares, radiación cósmica y vientos solares en el entorno espacial del planeta.

Durante casi siete años de operación, ambas naves recopilaron información científica clave sobre el comportamiento de los cinturones de radiación, hasta que finalmente agotaron su combustible y concluyeron su misión.