“Tienes que aprender que yo soy como Aristóteles: si tú me la haces, yo te la regreso”, le previno de entrada Vladimir Véjar Gómez, director del Órgano de Investigación de Responsabilidades Administrativas del Tribunal de Disciplina Judicial a Karla Leticia Doig Alvear González, subdirectora del Órgano de Responsabilidades Administrativas.
De la advertencia, Véjar Gómez, mano derecha de la magistrada presidenta de ese tribunal, Celia Maya García, pasó presuntamente a los hechos contra Karla Leticia: hostigamiento sexual y laboral, daño en propiedad ajena, represalias administrativas, fabricación de denuncias, vigilancia e intrusión en el domicilio particular e incluso atentó contra su vida con el sabotaje a los neumáticos de su vehículo.
Las quejas y denuncias contra Véjar Gómez van aumentando. Durante la elección judicial se presentaba como “El guardián de la justicia”, con fotos de inteligencia artificial usando capa. El superhéroe se convirtió muy pronto en un villano inquisidor misógino.
“El Tribunal de Disciplina está podrido. No limpian la casa por dentro. ¿Cómo pretenden limpiarla por fuera? No defienden los derechos humanos de sus propios trabajadores. No tocan a Véjar, a pesar de que no sólo me daña a mí, sino a personal de dentro y de fuera. Es impune. ¿Qué podemos esperar hacia afuera? No resuelven las denuncias contra jueces. Archivan casi todo. En este tribunal la justicia es simulada”, asegura la abogada Karla Leticia en entrevista con La Jornada.
Las estadísticas confirman lo que dice. En el primer año de existencia, el tribunal a cargo de Celia Maya recibió 6 mil 25 quejas, pero sólo suspendió o apartó de su puesto a 11 juzgadores, es decir, 0.18 por ciento, menos de dos jueces sancionados por cada mil quejas.
Hostigamiento y sabotaje
Con una amplia experiencia laboral en la administración pública, Karla Leticia, de 37 años, llegó al Tribunal de Disciplina Judicial el 24 de noviembre del año pasado como subdirectora de área en el Órgano de Responsabilidades Administrativas, con Vladimir Véjar como superior jerárquico.
Cuenta que muy pronto las miradas lascivas de su jefe la incomodaron. Y que el día 12 de diciembre entre las 11 y 12 del día, la reprendió delante de varias personas por un visitante: “Frente a la intensidad de la conducta desplegada por Vladimir y con la finalidad de evitar una escalada mayor del conflicto, me vi obligada a adoptar una postura de contención momentánea, limitándome a responder en términos sumisos, aún recuerdo que ante la presión ejercida tuve que decir: “Sí señor, lo que usted diga”.
Por la tarde, Vladimir le recuerda que él es Aristóteles y le advierte que si se “la hace”, se la va a regresar: “pero yo no había hecho absolutamente nada. Pidió disculpas cuando me vio llorar, mas, sin embargo, fueron de chocolate, pues era apenas el comienzo de más violencia”.
El hostigamiento y acoso fue en aumento y el pasado 15 de enero, Vladimir le anunció que le bajaría el sueldo 25 por ciento. En la siguiente quincena encontró justamente una disminución de 5 mil pesos. A continuación, el 2 de marzo, Karla Leticia decide presentar un escrito de impugnación de reducción salarial y menoscabo de estatus laboral.
Preocupada, descubre el sabotaje a los neumáticos de su vehículo marca Audi que estacionaba en el lugar de trabajo: “Mi carro empezaba a caminar mal, traía un ruido, y yo no sabía qué era; pensé que se me iba a desvielar. A los días, exactamente el 7 de febrero fui al mecánico y me extrajo un clavo de sabotaje, con una corcholata azul y un pico en el medio. Lo arreglé, pero el martes 11 de febrero mi carro tenía de nuevo un ruido, pero ahora más intenso. Me paro en la gasolinera y tenía otro clavo en la llanta, pero esta vez era otro tipo de clavo y en otro lugar: en el hombro de la llanta, y ahora sí quedó destrozada”.
Cuando notificó lo sucedido, solicitó los videos, pero no le fueron entregados y pidió cambiar su coche de estacionamiento, pero Vladimir se exaltó y le dijo: “Tú no eres nadie, no estás en posición de exigir nada”. “Y salí asustada de su oficina. Empecé a agarrar mis cosas y volvió a gritonearme en medio de la oficina, apuntándome delante de todos. Pedí un Didi, me fui asustada y llorando, pues no entendía por qué mi jefe Vladimir me violentaba tanto”.
Denuncias y silencio
Karla Leticia interpuso su primera denuncia de hechos el 13 de febrero ante la presidenta Celia Maya García. Sobre el sabotaje con el daño a las llantas de su coche presentó un escrito en el órgano de investigación a cargo del propio Vladimir: “Él es juez y parte, por eso denuncié que existe un conflicto de interés. Es muy decepcionante ver que Celia, al ser mujer, no se haya interesado de mi caso ni haya puesto las cosas en su lugar”.
La Jornada ha tenido acceso al expediente. La denuncia del reporte de hechos, evidencia de sabotaje y solicitud de medidas de protección la presentó el 16 de febrero, acompañada de fotos y certificada por el notario público José Antonio Núñez Bedoya, con el oficio TDJ/MT/7153/2026: “Llevo días preocupada por mi seguridad ante estos actos amenazantes que al parecer nadie ha querido ver. Me preocupa un tercer incidente en donde puedan atentar directamente contra mí o de nuevo más fuerte contra mi coche”, escribió en su denuncia.
También presentó un escrito de medidas cautelares y preservación de derechos salariales en el expediente: TDJ/OIRA/MT4/153/2026 para solicitar que Vladimir Véjar se abstuviera de realizar cualquier acto de comunicación, instrucción o presión hacia su persona, dado que él era el investigado y a la vez ostentaba el cargo de director en el órgano de investigación.
Karla Leticia también presentó una solicitud de conservación de videovigilancia y ratificación de medidas para la preservación de la evidencia digital del momento en el cual Vladimir Véjar le gritaba en la oficina: “El material referido es pieza clave en una investigación por faltas administrativas, así como actos que vulneran la seguridad e integridad en el entorno laboral. Tampoco me pasaron los videos que solicité de esos momentos”, señaló en el escrito.
El 13 de marzo, la tensión subió de tono y Vladimir le exigió que retirara las denuncias: “Me exigió: ‘escribe en este papel que te desistes’. Me lo dijo delante del administrador. Yo me negué. Me fui. Salí corriendo. Luego fui a la Unidad de Acoso y lloré mucho. Todas me atendieron muy bien. Una sicóloga y una abogada, les comenté que no quería regresar, que si podía ingresar medidas cautelares o algo. Y me respondieron que no se podía. Sin embargo, yo recordé que la investigación estaba abierta (la de las llantas)”.
Caso omiso
Frente al aumento de la tensión laboral, Karla Leticia decidió presentar una denuncia en la Contraloría del Órgano de Administración Judicial con el número de expediente: CAJ/DGI/INV/111/2026: “La función pública no es una patente de corso que autorice el ejercicio arbitrario y sistemático del poder en detrimento de la integridad de una mujer”.
Dice que el 18 de marzo, Vladimir Véjar convocó a sus secretarios técnicos con el objetivo de denostarla y señalarla como su “enemiga número uno”, exhortando a su personal a presentar quejas administrativas en su contra.
Luego, Karla Leticia pudo darse cuenta de que su domicilio particular había sido “visitado” y sus cosas estaban movidas de lugar: “Hubo gente que me comentó que Vladimir instrumentalizó su estructura jerárquica para ejecutar acciones de vigilancia externa, instruyendo a su secretario particular para seguirme. Estas conductas constituyen una clara operación de acecho y hostigamiento que trasciende el ámbito laboral, vulnerando mi seguridad personal y utilizando recursos humanos institucionales para un fin ilícito”.
El pasado 3 de julio, Karla Leticia presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR) que fue turnada a la Fiscalía Especializada en Delitos de Violencia contra las Mujeres, Grupos en Situación de Vulnerabilidad y Trata de Personas (Fevimtra) con número de carpeta 0000417/2026. La FGR acudió al TDJ a realizar una inspección:
“Pido justicia, reparación del daño. Acaba de empezar este tribunal y no quieren hacer nada. No cumple su función. No quieren hacer nada. Se hacen de la vista gorda con todas las denuncias contra los jueces y con todas las denuncias al interior. Hubo una reforma judicial y las cosas no cambian. Es muy decepcionante”.
Buscar justicia
Durante los meses que laboró en el TDJ, Karla Leticia ha podido saber que Vladimir tiene decenas de quejas y denuncias: “Pero no lo hacen público por miedo a que las despidan. A la oficina también iba José Luis Valdés, la pareja de Celia Maya. De hecho, Vladimir me ordenó ayudarle con el celular y me dejó sola con él en su oficina. El señor se acercaba mucho, me sentí invadida por él. Me dijo que nos fuéramos él y yo a un lugar, le contesté que no”.
El TDJ castigó a Karla Leticia con el final de su nombramiento. La angustia, el miedo y el estrés que ha sufrido los últimos ocho meses por el acoso y hostigamiento de Vladimir Véjar, la hicieron buscar atención sicológica: “Fue horrible desde el primer día de trabajo. Me invisibilizó, sufrí distintas violencias que terminaron con este despido”.
Y añadió: “La constante es la impunidad. Ya tienen todos los elementos para actuar y no lo hacen. Exijo la reparación del daño. He sufrido una violencia institucional muy grave. Estoy preocupada porque el TDJ se niega a entregarle mi expediente a la Fevimtra. Ahí está toda la ruta jurídica de mi caso. ¿Qué le están haciendo al expediente? No me dejan ver mi expediente. ¿Por qué siguen protegiendo a Vladimir Véjar Gómez?”.
