En el autoproclamado país campeón de la democracia, el presidente Donald Trump y sus aliados pretenden suprimir el voto de millones de sus opositores políticos y, sin ninguna evidencia, acusan a inmigrantes indocumentados de amenazar la integridad del sistema electoral, de ser parte de un gran fraude que ha convertido a Estados Unidos en una “nación de tercer mundo”.
En momentos en que enfrenta proyecciones y pronósticos de que el Partido Republicano perderá el control de por lo menos una de las dos Cámaras del Congreso en las elecciones intermedias programadas para noviembre próximo, el mandatario estadunidense impulsa el rediseño de los mapas de distritos electorales, “depurando” a votantes registrados del padrón .
Además, respalda medidas para obstaculizar la participación de minorías e inmigrantes con derecho al voto, todo para suprimir el sufragio efectivo de sectores que suelen apoyar a opositores de la agenda conservadora de la Casa Blanca.
El esfuerzo de Trump y sus aliados en la legislatura federal y en las estatales, así como de la Suprema Corte, en los hechos pone en riesgo las leyes y conquistas de movimientos que lograron la participación y representación política de minorías en este país durante los pasados 70 años, critican defensores de derechos y libertades civiles.
Este miércoles, Trump declaró que no promulgaría una legislación aprobada de manera bipartidista para autorizar programas de espionaje de agencias de inteligencia hasta que el Congreso apruebe un proyecto de ley que prohíbe que votantes emitan sus boletas en la próxima elección si no presentan documentos de identificación específicos, comprueben su ciudadanía y voten en persona en lugar de por correo, como ahora se permite en varios estados.
Requisitos imposibles
Las medidas son cuestionadas porque buscan suprimir la participación incluso senadores republicanos han comentando que algunos de los requisitos en la propuesta Ley para salvar Estados Unidos o Save Act, promovida por el mandatario, no funcionarán.
En Estados Unidos, el voto se lleva a cabo bajo reglas y autoridades estatales, aun cuando se trata de una elección para puestos federales, incluyendo las legislativas y presidenciales. Repetidamente el mandatario ha intentado imponer reglas federales para limitar el voto en todos los estados.
“La Save Act impone requisitos significativos sobre personas que buscan empadronarse y sobre los gobiernos estatales”, explicó Juan Proaño, director ejecutivo de la organización de voto latino Lulac, en testimonio reciente ante el Congreso. “Esa legislación privará de derechos electorales a decenas de millones de votantes”, advirtió.
La mitad de los estadunidenses no tienen pasaporte y millones más no saben dónde están sus actas de nacimiento, informa el Brennan Center for Justice. Respondiendo a la constante acusación de Trump de que no ciudadanos y otros sin derecho al voto están depositando votos en las urnas.
El Brennan Center investigó 23.5 millones de sufragios emitidos en 42 distritos diferentes por todo Estados Unidos en 2016 y sólo detectó 30 incidentes en los que un voto no era válido, una tasa de error de 0.00013 por ciento.
En la elección presidencial de 2020, donde Trump insistió en que hubo un fraude masivo al incluir votos de inmigrantes indocumentados y manipulación del conteo, por lo cual nunca ha aceptado su derrota, no prosperó ninguno de los 62 casos que él y sus aliados presentaron, casi todos desechados por falta de pruebas. Sin embargo, el presidente insiste hasta hoy que en toda derrota de él y los candidatos que respalda son resultado de amañes.
Lulac, el cual ha encabezado varias demandas legales en Arizona, Texas e Iowa contra requisitos externos de identificación para votar, afirma que tiene una preocupación particular de a que latinos, afroestadunidenses y a los pobres les será negado su derecho al voto. Proaño explicó que la razón de estos esfuerzos es para cambiar resultados electorales.
“Datos actuales del censo calculan que 65.2 millones de latinos residen en Estados Unidos. El 81 por ciento puede votar. En un número creciente de estados, la población de esta minoría supera el margen de los sufragios que decidieron la elección presidencial de 2020”. Recordó que “los latinos también son el blanco de esfuerzos de una larga historia de discriminación electoral”.
Bloquea el mandatario los sufragios por correo
Mientras intenta impulsar su proyecto de ley, el jefe de la Casa Blanca ha empleado sus poderes ejecutivos para girar órdenes al servicio postal para no entregar boletas enviadas por correo a cualquier persona que no esté en el padrón federal, un requisito difícil para muchos ya que estas bases de datos en gran medida se elaboran a escala estatal.
Unos 22 estados permiten que algunos votantes emitan sus votos por correo, particularmente para discapacitados, de la tercera edad o que estarán viajando el día de los comicios.
“La orden, flagrantemente inconstitucional, que ataca el voto por correo, ya se implementa y debe ser bloqueada ahora”, afirmó la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU) en una nueva demanda legal presentada ante tribunales el miércoles.
El mayor cambio en el proceso electoral estadunidense podría ser resultado de un fallo de la mayoría conservadora de la Suprema Corte en abril, que afirma que los estados no tienen una obligación de considerar el asunto de raza al establecer distritos electorales, lo cual efectivamente anula la Ley de Derechos al Voto de 1965, entre las mayores conquistas del movimiento de derechos civiles en este país.
Esa ley revirtió todo tipo de medidas –desde pruebas de alfabetismo, a un impuesto y distritos legislativos diseñados– para marginar al voto afroestadunidense y de los pobres.
“La Suprema Corte recientemente emitió un fallo que abre la puerta para que los estados y localidades creen mapas electorales discriminatorios”, acusó el ACLU.
Diez estados han redibujado sus mapas de distritos electorales desde abril, en gran medida para dar ventaja a republicanos y marginar el voto opositor. “El cambio de sectores sí pudo hacer el mapa para la Cámara baja más ventajosa para republicanos”, explicó Kyle Kondik del Centro para Política en la Universidad de Virginia.
“En general, ese impulso para redibujar los distritos involucró dos estados que lo hicieron a favor de demócratas y ocho para republicanos”. A pesar de estos cambios, Kondik indicó que las proyecciones siguen a favor de los demócratas en la Cámara baja y posiblemente en el Senado también.
Al mismo tiempo, estos esfuerzos para manipular distritos electorales ha encontrado resistencia a escala estatal por parte de republicanos en Georgia e Indiana, donde esas iniciativas fueron derrotadas por las legislaturas estatales, provocando la ira de Trump.
El propio mandatario parece no estar convencido de que todos estos esfuerzos para manipular el voto lograrán salvar a su partido de una derrota y la pérdida del control del Congreso. Eso podría explicar por qué ha comentado de manera repetida que, dado que él ha logrado tanto, “cuando lo piensas, tal vez no deberíamos ni tener una elección” en noviembre.
Cuando periodistas pidieron a la Casa Blanca que explicara estos comentarios, la secretaria de prensa Karoline Leavitt justificó: “el presidente estaba bromeando”. No todos lo creen.
