El gobierno del presidente Donald Trump ha separado a decenas de niños de sus padres por segunda ocasión en medio de la cacería de inmigrantes ordenada a su regreso a la Casa Blanca, reveló una investigación de The Associated Press.
Ejemplo de ello es el caso de Ederson Galicia Alva, quien fue arrancado a los tres años de los brazos de su madre, Mirsy Maricela Alva López, en la frontera entre Estados Unidos y México en 2018, y permaneció separado de ella durante meses en una instalación gubernamental.
Tras cuatro meses y medio confinado, Ederson apenas reconoció a su madre cuando se volvieron a reunir, contó ella. Pesadillas lo acosaron durante toda la primaria, donde aprendió a leer en inglés.
La familia de Ederson obtuvo los documentos necesarios para permanecer en Estados Unidos y su madre consiguió un permiso de trabajo tras un acuerdo aprobado por un juez federal, resultado de una demanda colectiva.
Después de meses de atención a la salud mental de Ederson para superar el miedo a que su madre nunca regresara, a inicios de junio del año pasado su terapeuta le recomendó pausar sus sesiones semanales gracias a su avance.
Dos semanas después, agentes federales detuvieron a Alva López cuando se dirigía a su empleo en Mar-a-Lago. Los efectivos nunca dieron la razón del arresto ni se identificaron antes de trasladarla a dos cárceles de Florida, luego a custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Luisiana y, finalmente, ser encadenada y deportada a Guatemala.
Mirsy estuvo separada de Ederson y de su hija mayor, Briseidy, durante una semana y no se le dio oportunidad de presentar su estatus o sus protecciones legales.
En medio de la desesperación la mujer pidió a su hermana que comprara pasajes de avión para enviar a sus hijos a Guatemala. Se encontró con ellos al día siguiente en el aeropuerto y viajaron nueve horas más por carreteras para llegar a San Martín Cuchumatán, una aldea en las tierras altas donde nacieron los niños.
Ederson volvió a despertarse temeroso por las noches. En la escuela primaria Northmore le iba bien en quinto grado; en Guatemala repitió cuarto grado, esta vez en español, y le hacían exámenes sobre la historia y la cultura de un país que apenas conoce.
