Ariadna Montiel, la nueva dirigente de Morena, ha asumido su cargo con un compromiso claro: poner orden. Sin ceder terreno ante las críticas de la oposición, Montiel reconoce que en el pasado reciente existieron episodios de “frivolidad” dentro del movimiento que le generan un profundo enfado. Sin embargo, enfatiza que el partido —el más grande en la historia del país con 12 millones de afiliados— está en constante organización y evolución.
Al evaluar los recientes acontecimientos en Chihuahua, la dirigente rechazó tajantemente que el partido haya dejado sola a la militancia. Desde su perspectiva, la baja afluencia en las movilizaciones locales responde a una compleja realidad geográfica y de movilidad, sumada a los intentos de la oposición panista por entorpecer las convocatorias. Montiel defendió que la movilización cumplió su objetivo político: visibilizar la presunta intervención extranjera ocurrida el pasado 19 de abril y forzar a la gobernadora del estado a fijar una postura pública. Para la líder morenista, el gobierno estatal ha evidenciado su complicidad con actividades de la CIA fuera de la legalidad, por lo que anunció que el partido iniciará una serie de asambleas nacionales en defensa de la soberanía.
Frente a los cuestionamientos sobre figuras polémicas como el gobernador Rocha Moya, señalado a veces como el eslabón débil frente a presiones externas, Montiel apeló a la autocrítica activa en lugar de la queja. Aseguró que su dirigencia mantendrá una política de cero tolerancia a la corrupción y a la frivolidad en todos los niveles. Como medida preventiva, adelantó que los futuros candidatos del movimiento se someterán al escrutinio estricto de un gabinete de seguridad para garantizar su honestidad, alineándose con las reformas promovidas por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Finalmente, Montiel ratificó la identidad de Morena como un partido de izquierda fundamentado en el “humanismo mexicano” heredado de Andrés Manuel López Obrador. Aunque reconoció el riesgo de infiltraciones y traiciones pasadas —mencionando los casos de Germán Martínez y Lilly Téllez—, se mostró optimista ante el relevo generacional y el liderazgo de las mujeres en las próximas contiendas electorales, advirtiendo firmemente que su carácter firme guiará las riendas del partido.
