El gobierno de Estados Unidos anunció una nueva ofensiva económica contra Irán, con un paquete de sanciones que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificó como las más severas aplicadas hasta ahora contra Teherán. Washington busca aumentar la presión financiera sobre el régimen iraní en medio del conflicto que enfrenta con Estados Unidos e Israel.

Bessent adelantó que las nuevas medidas forman parte de una estrategia de “máxima presión” que combinará sanciones económicas con el bloqueo naval que Estados Unidos mantiene en la región. El funcionario sostuvo que el objetivo es debilitar las fuentes de financiamiento de Irán y provocar el colapso de su gobierno.

Washington también pidió a China sumarse a la ofensiva y reducir sus vínculos económicos con Teherán. El llamado tiene especial relevancia porque China es el principal comprador del petróleo iraní y absorbe más de 80% de las exportaciones marítimas de crudo de ese país.

Pekín rechazó la estrategia estadounidense y sostuvo que las sanciones no son una solución para resolver el conflicto. La presión sobre China podría convertirse en uno de los principales puntos de tensión, debido a su dependencia del petróleo iraní y a la importancia de Teherán como proveedor energético.

Irán, por su parte, calificó la ofensiva estadounidense como “terrorismo económico” y advirtió que responderá ante nuevas acciones de Washington. La escalada económica ocurre mientras el conflicto continúa afectando los mercados energéticos y mantiene bajo presión el suministro internacional de petróleo.