Estados Unidos acusó este lunes a Cuba de haber liderado una campaña de “espionaje y subversión” dentro de su territorio durante casi siete décadas, en un informe que supone un nuevo aumento de la presión sobre la isla comunista.
En lo que analistas consideraron es un buen ejemplo de la propaganda del secretario de Estado Marco Rubio, con el fin de responder la comunidad cubana anticastrista de Florida y abordar los conflictos internos dentro del gobierno de Estado, el Departamento de Estado divulgó este lunes un informe especial en el que acusa que Cuba ha liderado “una campaña que se ha infiltrado en las más altas esferas del gobierno de Estados Unidos”, además de reclutar y formar “generaciones de activistas” y respaldar el “terrorismo de izquierda”, acusa el informe especial divulgado por el Departamento de Estado.
El gobierno de Donald Trump no oculta que quiere un cambio de régimen en la la isla, que vive su peor crisis económica en décadas.
La Habana acaba de impulsar una nueva oleada de reformas económicas, pero Rubio, de origen cubano, las considera insuficientes.
El triunfo de la revolución en 1959 fue recibido inicialmente con beneplácito por Washington, pero el contexto de la “guerra fría” pronto desbarató cualquier tentativa de relación pacífica.
Washington impuso rápidamente sanciones al nuevo régimen que lideraba Fidel Castro, que nacionalizó empresas estadunidenses, y éste a su vez respondió con un acercamiento a Moscú y el bloque comunista.
El gobierno estadunidense organizó múltiples intentos de asesinato de Castro, y a su vez La Habana acogió, entrenó y respaldó movimientos guerrilleros en el Tercer Mundo, y en especial en América Latina y el Caribe.
El informe del Departamento de Estado, de 100 páginas, señala que “La Habana nunca tuvo la capacidad de derrotar a Estados Unidos en un conflicto armado convencional”.
“En cambio, los cubanos perfeccionaron un nuevo modelo para una larga guerra de desgaste, organizado en torno al espionaje, la infiltración, el sabotaje, redes de aliados y una infraestructura revolucionaria diseñada para volcar a Estados Unidos contra sí mismo”, indicó.
Trump ha señalado en repetidas ocasiones que el gobierno cubano podría ser el siguiente, después de Venezuela, en sucumbir a la presión de Estados Unidos, y en junio aseguró que Washington “tomaría el control” de la isla caribeña, situada a unos 145 kilómetros de Florida, “casi de inmediato”.
Washington mantiene un embargo contra la isla desde los años 1960, aunque con los años lo suavizó para el suministro de productos agrícolas o medicamentos.
Pero a principios de año, tras el secuestro del líder venezolano Nicolás Maduro, Washington impuso un bloqueo petrolero de facto que ha puesto a la isla, ya muy debilitada económicamente, contra las cuerdas.
“Contra la civilización”
Estas nuevas acusaciones del Departamento de Estado resumen años de informes de los servicios de inteligencia estadunidenses, que a su vez estuvieron detrás de operaciones como la fallida invasión de la Bahía de los Cochinos en la isla, en abril de 1961.
Estados Unidos combatió la influencia cubana en América Latina con su propia guerra encubierta.
El informe no anuncia nuevas sanciones ni medidas concretas, aunque detalla una larga lista de acusaciones contra organizaciones estadunidenses aún activas, como la coalición Red Nacional sobre Cuba (NNOC por sus siglas en inglés).
La NNOC agrupa entre otros a los Demócratas Socialistas, a la izquierda del Partido Demócrata, que han logrado situar a candidatos para el Congreso y que cuentan además entre sus filas al actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
Marco Rubio lideró la semana pasada una reunión internacional para combatir la “resurgencia del terrorismo político”, que a juicio del gobierno Trump está dominado por la extrema izquierda.
El Departamento de Estado contabilizó oficialmente la asistencia de 66 países a esta reunión en Washington, en la que Cuba fue denunciada de nuevo como un Estado “patrocinador de terrorismo”.
Rubio considera que ese “terrorismo de extrema izquierda” vuelve a ser la principal amenaza violenta, no estatal, a nivel mundial, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y las más de dos décadas de yihadismo.
“El asalto de Cuba contra Estados Unidos nunca fue, en esencia, una disputa sobre política económica, soberanía ni siquiera sobre la posesión de un territorio concreto. Fue una revolución contra la civilización occidental misma” asegura el informe.
