La implementación del VAR en el futbol ha generado cuestionamientos sobre el impacto que la tecnología ha tenido en la esencia del deporte, al privilegiar la revisión técnica de las jugadas por encima de la interpretación y decisión inmediata de los árbitros en el terreno de juego.

En una columna de opinión, el periodista Diego Petersen retoma una reflexión atribuida al escritor Juan José Arreola durante el Mundial de Italia 1990, en la que destaca que parte del atractivo del futbol radica precisamente en el error humano, especialmente en las decisiones arbitrales que durante décadas alimentaron el debate entre aficionados.

Petersen sostiene que el uso del Video Assistant Referee ha reducido la autoridad de los jueces centrales, quienes ahora dependen de revisiones desde una cabina para resolver las jugadas polémicas. A su juicio, esta dinámica ha transformado la figura del árbitro y ha restado espontaneidad al desarrollo de los partidos.

El análisis concluye que el principal costo del VAR no es únicamente la interrupción del juego, sino la pérdida de un componente humano que históricamente formó parte de la identidad del futbol y de las conversaciones que generaba entre millones de aficionados.