En la reunión de trabajo que abrió la tercera y última jornada de la cumbre del G7 en Francia, Donald Trump fue de los últimos líderes en llegar, como de costumbre, cuando la mayoría estaban ya sentados esperando, y al entrar en la habitación del Hotel Royal de Évian, sede del evento, dijo irónicamente pero con semblante serio: “Soy el jefe”, para a continuación quejarse del calor reinante.

El mandatario estadounidense continuó con su tono irónico dirigiéndose a las cámaras de televisión presentes, que en estas reuniones sólo pueden grabar los minutos iniciales del encuentro.

“¿Queréis quedaros en la reunión? Por mí no hay problema”, señaló, mientras la prensa era rápidamente acompañada a la salida y Trump se sentaba a la derecha del presidente francés, Emmanuel Macron, como en anteriores reuniones de esta cita en Évian.

El encuentro, que comenzó con una hora de retraso, estaba centrado en la búsqueda de un “crecimiento económico equilibrado” y, en él, los líderes del G7 compartieron mesa con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Mathias Cormann.