El primer ministro de Canadá, Mark Carney, lanzó una acusación directa contra Estados Unidos al señalar que sus acciones vulneran la soberanía canadiense, en medio de una creciente tensión bilateral.
De acuerdo con sus declaraciones, las decisiones y presiones de Washington —particularmente en materia comercial y estratégica— cruzan una línea que Canadá no está dispuesto a aceptar, marcando un endurecimiento en el discurso frente a su principal socio.
Carney dejó claro que su gobierno no permitirá que Estados Unidos imponga condiciones ni dicte el rumbo de sus políticas internas o acuerdos internacionales, en especial ante la próxima revisión del tratado comercial de Norteamérica.
El trasfondo es más amplio: amenazas arancelarias, tensiones geopolíticas y diferencias sobre la relación con China han tensado la relación entre ambos países, históricamente aliados.
