España elevó sus importaciones de gas ruso durante el primer mes del conflicto en Oriente Medio, en un contexto marcado por la volatilidad en el suministro y el alza en los precios energéticos.

De acuerdo con datos del sector, el país recibió en marzo un volumen récord de gas procedente de Rusia, impulsado por la interrupción de rutas clave como el estrecho de Ormuz y la reducción de oferta desde otras regiones productoras.

El aumento también responde a factores de mercado: el gas ruso se ha mantenido a precios más competitivos ante la caída de compradores por sanciones, mientras que varios países europeos han reforzado sus reservas ante posibles restricciones futuras.

Aunque la Unión Europea mantiene su política para reducir la dependencia energética de Moscú, la legislación aún permite estas compras de forma temporal, en medio de una crisis que ha obligado a ajustar estrategias de abastecimiento.

El comportamiento refleja cómo el conflicto en Medio Oriente ha reconfigurado el mercado energético, obligando a países como España a priorizar el suministro inmediato frente a los compromisos de diversificación a largo plazo.