El entrenador rumano Mircea Lucescu, una de las figuras más influyentes en los banquillos del continente, falleció a los 80 años tras complicaciones cardíacas, días después de dejar su cargo como seleccionador nacional de Rumania.

Lucescu había sido hospitalizado tras sufrir un infarto luego de la eliminación de su selección en el repechaje rumbo al Mundial de 2026.

Su estado se agravó con un segundo episodio cardíaco que terminó por provocar su fallecimiento en Bucarest.

Considerado uno de los técnicos más exitosos de Europa, construyó una carrera de más de cuatro décadas en la que dirigió equipos en Rumania, Italia, Turquía, Rusia y Ucrania, dejando su mayor legado en el Shakhtar Donetsk, donde conquistó múltiples títulos y una Copa de la UEFA.

Además de su trayectoria como entrenador, también tuvo una destacada etapa como jugador internacional con Rumania, participando en el Mundial de 1970 y siendo capitán de su selección.

Lucescu fue reconocido por su capacidad táctica, su disciplina y su influencia en la modernización del futbol en Europa del Este, consolidándose como una referencia para varias generaciones de entrenadores.

Su muerte marca el cierre de una era en el futbol europeo y deja un legado difícil de igualar en los banquillos.