Autoridades alemanas suspendieron definitivamente el rescate de una ballena jorobada varada en el mar Báltico, al concluir que el animal se encuentra en estado crítico y sin posibilidad real de recuperación.

Tras varios intentos fallidos por guiarla hacia aguas profundas, especialistas determinaron que el cetáceo ya no responde a estímulos, presenta respiración irregular y carece de fuerza para moverse, por lo que insistir en maniobras de rescate podría provocarle mayor sufrimiento.

El ejemplar había logrado liberarse en dos ocasiones con apoyo de equipos de rescate, pero volvió a quedar atrapado en la bahía de Wismar, evidenciando un desgaste extremo que terminó por limitar cualquier posibilidad de sobrevivir.

Ante este escenario, las autoridades optaron por una decisión controvertida pero respaldada por expertos: dejar al animal en reposo hasta su muerte, priorizando evitarle estrés adicional.

Para ello, se estableció un perímetro de seguridad de 500 metros para impedir la presencia de embarcaciones o drones en la zona.

El objetivo inicial era que la ballena regresara al mar del Norte y posteriormente al Atlántico, su hábitat natural, pero su debilitamiento hizo inviable cualquier operación adicional, cerrando así un caso que generó atención internacional y debate sobre los límites del rescate animal.