El Liverpool volvió a demostrar su instinto competitivo en la UEFA Champions League con una victoria agónica de 3-2 sobre el Atlético de Madrid, en un partido cargado de tensión, emociones y un final digno de su escenario: Anfield.
El defensor neerlandés Virgil van Dijk fue el héroe inesperado al marcar en los últimos segundos del encuentro, cuando todo apuntaba a un empate. El triunfo mantiene viva la marcha del conjunto inglés en el certamen continental.
Inicio demoledor de los Reds
El equipo dirigido por Arne Slot salió con intensidad máxima desde el silbatazo inicial. Apenas al minuto 3, un desafortunado autogol de Pablo Barrios, tras desviar un tiro libre, abrió el marcador. Solo dos minutos después, Mohamed Salah aprovechó una jugada individual para colocar el 2-0, dejando al Atlético en estado de shock.
Durante la primera media hora, los colchoneros fueron ampliamente superados, y la goleada parecía inminente.
Marcos Llorente, la chispa del Atleti
Sin embargo, fiel a su estilo de resiliencia, el equipo de Diego Simeone encontró vida en los botines de Marcos Llorente, quien volvió a ser verdugo del Liverpool, como en aquella recordada noche de 2020.
El mediocampista español descontó en el agregado del primer tiempo, tras un error defensivo. Ya en la segunda mitad, el Atlético mostró otra actitud: más compacto, más agresivo. El premio llegó al 81’, cuando Llorente firmó su doblete con una volea que se desvió en Mac Allister, poniendo el 2-2 y desatando la ilusión de la remontada.
Van Dijk decide sobre la hora
Pero Anfield no perdona. Cuando el empate parecía sellado, un tiro de esquina ejecutado por Trent Alexander-Arnold fue rematado por Van Dijk con autoridad al minuto 90+4, para sentenciar el 3-2 definitivo y desatar la locura en las gradas.
Un clásico moderno de Champions
Con este resultado, Liverpool reafirma su lugar como contendiente serio en Europa y extiende su dominio sobre un Atlético que, pese a la derrota, mostró carácter para levantarse en momentos difíciles. Para el conjunto español, queda la lección de que ante el Liverpool no se puede fallar ni un segundo.
